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Durante la jornada de ayer, la ciudad de Trujillo fue escenario de una visita relámpago que no dejó indiferente a nadie, aunque por razones diametralmente opuestas a las que pretendía la propaganda oficial. La presidenta de la República, Keiko Fujimori, arribó a la capital de la primavera acompañada de ministros de Estado y mandos policiales para encabezar una serie de actividades de inspección en el penal El Milagro y en la sede de la Unidad de Servicios Especiales de la Policía Nacional del Perú (PNP). Sin embargo, para los cientos de miles de ciudadanos que debían trasladarse a sus centros de labores, abrir sus pequeños negocios o acudir a citas médicas, el saldo real de la jornada no fue mayor seguridad ni anuncios de obras trascendentes, sino una ciudad completamente colapsada por un tráfico vehicular interminable y la irritación colectiva ante el despliegue desmedido del poder político.
Analizar este episodio exige superar la crónica protocolar de los boletines gubernamentales y examinar el abismo que separa a las comitivas presidenciales de la vida cotidiana del ciudadano de a pie. La evidencia en las calles trujillanas reveló una paradoja lacerante: un aparato estatal que moviliza cientos de policías, camionetas y motorizados para blindar a una mandataria y paralizar avenidas enteras durante horas, mientras ese mismo Estado se declara impotente para patrullar los barrios donde los comerciantes y transportistas son extorsionados a diario con cartuchos de dinamita.
1. La caravana del poder y el estrangulamiento de las avenidas trujillanas
El paso de la comitiva presidencial por el área metropolitana de Trujillo se tradujo en una pesadilla logística para el transporte público y privado:
- Cierres intempestivos de arterias críticas: Para facilitar el desplazamiento a toda velocidad de las camionetas blindadas con lunas polarizadas, la Policía de Tránsito clausuró sin previo aviso tramos clave de la avenida Mansiche, la carretera hacia Huanchaco, la avenida América Norte y los accesos directos al centro poblado El Milagro.
- Colas kilométricas y pérdidas económicas: Cientos de microbuses, colectivos, taxis y camiones de carga quedaron varados durante horas en embotellamientos asfixiantes bajo el sol norteño. Trabajadores que llegaron tarde a sus empleos con descuentos salariales, pasajeros perdiendo citas en los hospitales de EsSalud y escolares atrapados en el transporte urbano fueron el costo directo de una visita diseñada exclusivamente para la toma de fotografías oficiales.
2. La lacerante asimetría de la seguridad: Blindaje para la cúpula, abandono para el vecino
La indignación de la población trujillana no respondió a una simple molestia de tránsito, sino a la evidente disparidad en el uso de los recursos públicos:
- Cientos de efectivos para la foto: El despliegue de seguridad presidencial contó con anillos de francotiradores, contingentes antidisturbios, agentes de seguridad del Estado y decenas de patrulleros cortando intersecciones para que la caravana no se detuviera ante ningún semáforo.
- La soledad de las víctimas de la extorsión: Mientras se derrochaban efectivos policiales en abrir paso a la presidenta, en los distritos populosos de El Porvenir, Florencia de Mora, La Esperanza y en el valle agroindustrial de Virú los vecinos y bodegueros continúan esperando un solo policía en sus esquinas. Cuando un microempresario acude a una comisaría a denunciar amenazas de muerte, la respuesta habitual es la escasez de agentes y patrulleros inoperativos por falta de combustible. La visita presidencial confirmó que en el Perú la seguridad ciudadana es un privilegio de la clase gobernante y una quimera para el contribuyente común.
3. El penal El Milagro: Puesta en escena sin soluciones de fondo
El punto central de la agenda presidencial fue la inspección de una requisa en el penal El Milagro, donde la mandataria proclamó ante las cámaras que su gestión «ha iniciado la recuperación de todos los penales del país»:
- El maquillaje de las requisas televisadas: La experiencia penitenciaria demuestra que ingresar a un penal con reflectores y cámaras para incautar un puñado de cuchillos caseros y celulares es un acto mediático estéril. Apenas la comitiva se retira de la ciudad, las redes de corrupción interna en el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) vuelven a permitir el ingreso clandestino de teléfonos móviles desde donde se ordenan los cobros de cupos en La Libertad.
- El problema estructural ignorado: El penal El Milagro alberga a más de 5,000 internos en una infraestructura diseñada para apenas 1,500 reclusos, registrando un hacinamiento crítico superior al 300%. La visita de Keiko Fujimori no trajo consigo el inicio de obras para un nuevo penal fuera del casco urbano, ni la instalación definitiva de tecnología de bloqueo de señal inexpugnable, ni la reforma del personal de custodia. Fue una visita de diagnóstico superficial que no alterará en nada el funcionamiento de las mafias carcelarias.
4. La desconexión política tras el 4 de octubre: Gobernar desde la burbuja
Este desembarco presidencial se produjo menos de una semana después de que el partido de gobierno, Fuerza Popular, fuera ampliamente castigado en las urnas municipales en Lima y en las principales ciudades del país:
En lugar de registrar el mensaje ciudadano de austeridad, humildad y concentración técnica en la gestión pública, el Ejecutivo insiste en trasladar a las provincias el espectáculo de las caravanas faraónicas que solo generan incomodidad en la población. La ciudadanía no exige visitas fugaces que paralicen sus calles y congestionen sus avenidas; exige planes operativos rigurosos, inteligencia policial en los paraderos y un Estado que trabaje en silencio para resolver la delincuencia en lugar de crear un caos artificial en el tránsito.
Conclusión: Cuando la visita es el problema y no la solución
La fugaz presencia de Keiko Fujimori en Trujillo ha dejado una amarga lección de cultura política. Una autoridad que necesita paralizar una ciudad entera, cerrar sus avenidas principales y desviar a la fuerza pública de sus labores de patrullaje comunitario para cumplir una agenda de autobombo demuestra una profunda desconexión con las urgencias de los gobernados. Trujillo no necesita más sirenas, ni escoltas que interrumpan la vida productiva de sus vecinos, ni discursos que prometan milagros en cárceles colapsadas. La capital liberteña exige respeto a su tiempo, seriedad en las políticas de seguridad y gobernantes que entiendan que su deber no es alterar el orden urbano para exhibir su poder, sino servir a los ciudadanos que pagan con su esfuerzo diario el funcionamiento de la República.
¿Sirven las visitas presidenciales relámpago con calles cortadas y caravanas blindadas para devolverle la seguridad a Trujillo, o solo confirman la desconexión de una clase política que paraliza la ciudad para tomarse una foto mientras el ciudadano común sigue desprotegido frente al crimen?
Etiquetas: Keiko Fujimori, Trujillo, La Libertad, Penal El Milagro, Tráfico Vehicular, PNP, Seguridad Ciudadana, Caos Vial, Política Peruana, La Destra Siniestra

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