Bienvenidos a La Destra Siniestra, un espacio donde la evidencia pesa más que la ideología.
En el ajedrez político, los momentos de mayor revelación doctrinaria no suelen ocurrir durante los discursos cuidadosamente ensayados ante las cámaras, sino en los pasillos, cuando la frustración desborda el libreto y aflora la verdadera naturaleza del poder. La tarde de ayer, tras el colapso de la sesión en la Comisión de Constitución del Senado provocada por la negativa fujimorista a reconocer una votación adversa, la senadora Martha Moyano (Fuerza Popular) protagonizó un sincericidio histórico que resume tres décadas de praxis política: «Si la señora Iturregui dice que hay autoritarismo, ser autoritario no es tan malo; a veces hay que tomar decisiones». Lejos de un simple exabrupto individual, la frase constituye la confesión descarnada del ADN ideológico de un movimiento que concibe el orden constitucional no como un pacto de convivencia democrática, sino como un estorbo prescindible frente a la voluntad de imponer su agenda a cualquier costo.
1. El sincericidio de Moyano: Despreciar las formas es liquidar el fondo
La declaración de Moyano se produjo en el contexto exacto donde el autoritarismo parlamentario intentó operar en tiempo real. En la Sala Miguel Grau, el fujimorismo acababa de perder por 6 votos contra 5 una cuestión de orden que exigía fijar los límites del Senado frente a lo aprobado por la Cámara de Diputados. Ante la derrota, la presidencia de Carlos Mesía no aceptó el resultado, forzó una "rectificación" antirreglamentaria y pretendió sesionar en solitario.
Al afirmar que "ser autoritario no es tan malo", Moyano no solo justificó el atropello a los procedimientos del Congreso; legitimó la tesis de que las reglas del juego solo valen cuando benefician a la mayoría circunstancial. Cuando la norma frena los apetitos del oficialismo, la respuesta no es la deliberación ni el consenso, sino la descalificación del disenso y la imposición de facto, desnudando una concepción puramente instrumental de las instituciones republicanas.
2. La raíz histórica: Del 5 de abril de 1992 al 'rodillo' de los noventa
Para comprender la ligereza con la que el fujimorismo reivindica el autoritarismo en 2026, es indispensable remitirse a su matriz fundacional. El 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori ejecutó el quiebre constitucional disolviendo el Congreso bicameral, interviniendo el Poder Judicial, el Tribunal de Garantías Constitucionales y el Ministerio Público bajo el argumento idéntico al esgrimido por Moyano: que la democracia parlamentaria era un "obstáculo inútil" para tomar decisiones rápidas frente a la crisis económica y el terrorismo.
Aquella ruptura inauguró una década de autoritarismo hegemónico caracterizada por el "rodillo" en el Congreso Constituyente y los parlamentos posteriores, donde las leyes no se debatían sino que se imponían sin enmiendas, y donde la concentración de poder en Palacio y el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) derivó en el desmantelamiento institucional y la mayor trama de corrupción documentada en la historia republicana. La evidencia histórica es categórica: el autoritarismo nunca fue una herramienta técnica transitoria para "ordenar el país", sino el mecanismo de blindaje de un régimen que confundió la República con un botín corporativo.
3. La continuidad en el siglo XXI: La pulsión autoritaria intacta
La promesa de renovación y fe democrática que el fujimorismo proclamó durante sus sucesivas campañas electorales ha quedado desmentida cada vez que la correlación de fuerzas le ha otorgado poder hegemónico:
- El quinquenio de la mayoría absoluta (2016-2021): Cuando Fuerza Popular obtuvo 73 escaños bajo el liderazgo de Keiko Fujimori, esa misma pulsión se manifestó en la censura sistemática de gabinetes, la asfixia al Ejecutivo, el intento de someter al Tribunal Constitucional y la fiscalización selectiva, sumiendo al país en un ciclo de inestabilidad crónica.
- El Senado hegemónico de 2026: Hoy, con Keiko Fujimori en Palacio y Luis Galarreta en la Presidencia del Consejo de Ministros, el fujimorismo utiliza su posición en el Senado para reeditar el rodillo: pretende legislar por decreto en materias militares y de inteligencia puenteando a los 130 diputados, y cuando pierde una votación reglamentaria, sus voceros defienden que el autoritarismo es una virtud necesaria.
4. La falacia del 'autoritarismo bueno': Autoridad versus arbitrariedad
Equiparar autoritarismo con autoridad es una trampa conceptual inadmisible en una República constitucional. La verdadera autoridad democrática emana de la legitimidad de las urnas, la sujeción estricta a la ley, la rendición de cuentas y el respeto escrupuloso a la separación de poderes. El autoritarismo, por el contrario, es el ejercicio del poder sin frenos ni contrapesos, guiado por la arbitrariedad del que manda.
Sostener que el autoritarismo "no es tan malo" porque permite "tomar decisiones" es la antesala de la tiranía. El ciudadano que hoy aplaude que el poder pase por encima de las formas parlamentarias para combatir la delincuencia será el mismo ciudadano que mañana se encuentre indefenso cuando ese mismo poder arbitrario allane su vivienda, intervenga sus comunicaciones o conculque sus libertades sin control judicial independiente.
Reflexión final
Las palabras de Martha Moyano no deben ser minimizadas como una anécdota parlamentaria más. Son el síntoma inequívoco de que el fujimorismo, a pesar de sus disfraces institucionales y sus discursos de apertura, conserva intacta la convicción autoritaria de que las instituciones existen para ser doblegadas cuando no sirven a sus intereses de cúpula. Frente a esta confesión abierta desde los pasillos del Senado, la pregunta para la ciudadanía y las fuerzas democráticas es ineludible: ¿Permitiremos que la retórica del "autoritarismo necesario" vuelva a demoler la frágil institucionalidad de la República, o recordaremos a tiempo que ningún orden duradero puede construirse sobre la sepultura del Estado de derecho?
Etiquetas: Martha Moyano, Fuerza Popular, Fujimorismo, Autoritarismo, Senado de la República, Comisión de Constitución, Democracia Constitucional, Estado de Derecho, Keiko Fujimori, 5 de Abril, La Destra Siniestra
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