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En nuestra entrega matutina advertíamos sobre la tensa vigilia política que vive el país a 24 horas de que la Comisión de Constitución del Senado, presidida por Luis Galarreta, retome el debate decisivo sobre el pedido de facultades legislativas de 90 días formulado por el Ejecutivo de Keiko Fujimori. Sin embargo, detrás del relato oficial de consensos técnicos y urgencias ante la ola delictiva y el Fenómeno El Niño, la coyuntura ha destapado una maniobra institucional mucho más profunda: el verdadero juego de poder entre ambas cámaras y la consumación de una trampa constitucional que convierte al Congreso en un unicameralismo encubierto sumamente oneroso para el erario nacional.
1. De la poda en Diputados al contraataque en el Senado
El origen de la pugna se remonta a la Cámara de Diputados. En un primer momento, la cámara baja aprobó un dictamen acotado y defensivo: redujo la ambiciosa delegación solicitada por Palacio a solo 20 ítems estrictamente vinculados a seguridad ciudadana y prevención climática, podando de cuajo las controvertidas facultades económicas, tributarias y administrativas que el Ejecutivo pretendía legislar por decreto sin control parlamentario previo.
Pero lo que parecía una victoria del control político y la representación popular regional se topa ahora con la cruda realidad del diseño bicameral aprobado mediante la Ley N.° 31988. En la antesala de la sesión de este miércoles, los reflectores del Senado no solo apuntan a los candados de control concurrente de la Contraloría General de la República, sino a la tentación de la mayoría oficialista de enmendar la plana a los diputados y restituir todo el paquete normativo que Palacio exigía originalmente.
2. La asimetría del artículo 105: El Senado como legislador absoluto
La clave de esta distorsión descansa en la redacción y los alcances del artículo 105 de la Constitución. Frente a quienes suponían que cualquier modificación sustancial obligaba a devolver la fórmula a la cámara de origen para una segunda revisión exhaustiva, el texto constitucional consagra una asimetría letal para el equilibrio de poderes:
- El despacho directo al Ejecutivo: El Senado, en su condición de cámara revisora, tiene la atribución de modificar, suprimir o restituir materias en la propuesta remitida por Diputados y, acto seguido, sancionar la autógrafa de ley para remitirla directamente a la Presidencia de la República para su promulgación, sin que el texto deba retornar a la Cámara de Diputados para su ratificación.
- La anulación de los 130 diputados: Al permitir que la cámara alta restituya unilateralmente las materias que los diputados rechazaron, la voluntad de la representación popular directa queda neutralizada. Los 130 diputados se transforman en una mera mesa de partes previa o un filtro decorativo cuyo pronunciamiento puede ser borrado de un plumazo por 60 senadores.
3. Unicameralismo encubierto y pacto de cúpula
Esta prerrogativa del artículo 105 demuestra que la bicameralidad peruana no fue concebida como un auténtico sistema de frenos y contrapesos (checks and balances), sino como una concentración vertical del poder al servicio de acuerdos cupulares:
- El atajo para Palacio de Gobierno: Para el Ejecutivo, negociar con una Cámara de Diputados fragmentada y susceptible a la presión social de sus provincias es engorroso e incierto. En cambio, le basta pactar con la bancada hegemónica en el Senado para asegurar que la cámara alta reinserte las facultades económicas podadas y remita la ley promulgable directamente a Palacio, burlando el escrutinio de la cámara baja.
- Hegemonía sin fiscalización: Cuando sumamos a esta facultad legislativa definitiva el hecho de que el Senado concentra en exclusiva la elección del Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo, la Contraloría, el directorio del BCR y la conducción del juicio político, el resultado es evidente: un cuerpo de 60 legisladores ejerce el poder de un congreso unicameral de facto, blindado frente a la ciudadanía y funcional al pacto político de turno.
4. El despilfarro del erario: Más de mil millones para pagar dos veces lo mismo
Esta asimetría desnuda el engaño económico detrás de la reforma. Sostener la estructura bicameral ha disparado el presupuesto anual del Congreso por encima de los S/ 1,000 millones:
- Burocracia duplicada y parasitaria: Dos mesas directivas, comisiones paralelas en ambas cámaras, doble planilla de asesores especializados (SP1, principales y técnicos), asistentes de despacho, asesores de bancada y gastos operativos duplicados.
- La paradoja del costo fiscal: Si al final del día el Senado puede corregir a su arbitrio lo aprobado por Diputados y remitir la norma directamente a Palacio, ¿cuál es la justificación para mantener a 130 diputados con remuneraciones, bonos de instalación, viáticos y frondosos despachos? El erario nacional está financiando un aparato parlamentario duplicado para que, en la práctica, las decisiones de fondo las siga tomando una sola cámara reducida.
Reflexión final
A pocas horas de que el Senado defina el destino de las facultades legislativas en medio del clamor popular contra las extorsiones y la amenaza del paro de transporte, el país asiste a la consolidación de un sistema tramposo: un unicameralismo encubierto que le da al Ejecutivo la llave para gobernar por decreto mediante una cúpula senatorial afín, mientras los peruanos pagan el doble de impuestos para sostenerlo. Ante estos hechos, la pregunta editorial resulta impostergable: ¿Estaremos los ciudadanos condenados a financiar una costosa farsa bicameral de mil millones de soles solo para que una cúpula de sesenta senadores gobierne de espaldas al país y al servicio de Palacio?
Etiquetas: Bicameralidad, Senado de la República, Cámara de Diputados, Artículo 105, Constitución Política, Facultades Legislativas, Luis Galarreta, Keiko Fujimori, Gasto Público, Erario Nacional, La Destra Siniestra
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